CASTOR POLLUX: LA AVENTURA EN EL PLANETA PRISIÓN

Un relato del universo Imperium

¡La acción continua!


Castor Pollux, el último héroe pulp de la galaxia, se enfrenta a una misión mortal que lo lleva al misterioso planeta prisión. Emboscado por naves enemigas y con cada segundo en su contra, Castor desata una batalla épica que lo marcará para siempre.

¿Qué secretos oculta el planeta prisión? ¡Descúbrelo en esta primera y explosiva aventura del universo Imperium! ¡No te lo pierdas!

Castor Pollux The Adventure on the Prison Planet Book 1 cover sci fi pulp novel

Prólogo: El Regreso del Pulp

A principios del siglo pasado, en Estados Unidos, surgió un género literario que cambiaría la forma en que vivimos la aventura: el pulp. Historias llenas de emoción, fantasía y heroísmo, protagonizadas por personajes icónicos como Tarzán, John Carter, Conan, y muchos más, cautivaron a lectores de todas partes. Estos relatos no solo sentaron las bases para los superhéroes que conocemos hoy, sino que marcaron una época en la que la lectura era, ante todo, una experiencia emocionante y divertida.

En el pulp no había ataduras editoriales. Las historias combinaban géneros con total libertad, y el objetivo era uno solo: entretener a lectores ávidos de emociones, que esperaban con ansias el siguiente número para descubrir cómo su héroe sobreviviría a un peligro mortal.

Hoy, esa magia está de vuelta. Si lo que buscas es acción trepidante, aventuras sin descanso y emociones fuertes, estás en el lugar correcto. Pero si prefieres personajes introspectivos y arcos narrativos profundos, quizás sea mejor dar un paso al costado.

Para los que decidan quedarse, les hago una advertencia: agárrense bien, porque lo que viene es un viaje intenso por el universo de Imperium. ¡El pulp ha regresado, y está más vivo que nunca!

Castor Pollux no pretende reemplazar a los grandes héroes del pulp.
Solo quiere luchar como ellos, vivir como ellos…
y hacer que el pulp siga respirando en la galaxia.

Este es nuestro homenaje. 

Esta es nuestra aventura.

Aquí comienza todo. 

La primera llamarada del regreso pulp. Prepárate para conocer a Castor Pollux.

Capítulo 1
El encuentro en el bar

Castor Pollux entró al bar. El ambiente era sórdido, lleno de criaturas extrañas. Terminus, el último planeta en la frontera de Imperium, atraía a contrabandistas y viajeros de todo tipo. Se abrió paso hacia la barra con la destreza y agilidad de alguien que había peleado mil batallas, su andar decidido y confiado dejando claro que no era alguien a quien acercarse a la ligera.
Su complexión poderosa, envuelta en un traje de combate negro con segmentos de armadura reforzada, lo marcaba como un hombre forjado en la guerra. En su pecho brillaba tenuemente una “V” anaranjada: un emblema ya olvidado por muchos.
Cada paso dejaba entrever que aquella armadura no era adorno: había sido forjada para resistir.
Algunas miradas se posaban sobre él con cautela. Pero lo que realmente destacaba era la intensidad en sus ojos oscuros y la firmeza de su mandíbula. Rasgos marcados que, combinados con su porte imponente, le conferían un aire peligroso y magnético.

Pidió un Harmill, una bebida de color verde pálido con una capa gris gaseosa en la parte superior. Pagó cinco denarios y se la bebió de un trago, sintiendo cómo bajaba por su garganta, quemando todo a su paso. Luego escuchó una voz detrás de él.
—Cazarrecompensas, por fin nos volvemos a ver —dijo la voz.
No reaccionó de inmediato. Se quedó mirando la barra.

—Juré que te mataría la próxima vez que te viera, y por el gran Dios de la galaxia que voy a cumplirlo —continuó la voz.

Al escuchar la amenaza, el bullicio del bar se detuvo. Los clientes cercanos se alejaron, y todas las miradas se centraron en el alborotador. Era un Harmock, una de las razas más belicosas. El tipo medía dos metros y medio, con músculos abultados que parecían esculpidos en piedra, sus botas de metal resonaban en el suelo con cada paso. Su piel gris y su imponente armadura gris oscura le daban el aspecto de un titán; su sola presencia bastaba para que cualquier enemigo pensara dos veces antes de enfrentarse a él.

Avanzó decididamente hacia Castor, dispuesto a embestir. Este, con una sonrisa en los labios, señaló su copa vacía al cantinero.

—Creo que necesito otro de estos.

El cantinero, un delgado reptiloide, sirvió otro trago en fracciones de segundo y se alejó lo más rápido que pudo. El gigante se acercaba cada vez más, pero el cazarrecompensas permanecía de espaldas, imperturbable.

—Maldito terrícola, un Harmock siempre cumple sus promesas.

Castor levantó su copa, dispuesto a tomar un sorbo. Pero la enorme mano del buscapleitos golpeó su brazo, arrancándole el vaso de la mano y enviándolo a estrellarse contra el fondo de la barra. Castor observó cómo este se rompía en pedazos.

—No pienso pagar por ese Harmill —dijo tranquilamente al cantinero—. Vas a tener que cobrárselo a nuestro amigo aquí presente.

Con calma, se volvió para enfrentar al gigante. Lo miró de arriba abajo y esbozó una sonrisa.

—Eso no fue muy educado de tu parte.

El Harmock bufó por la nariz y, antes de que Castor pudiera reaccionar, lo levantó como si fuera una pluma y lo lanzó contra una mesa cercana. El impacto la destrozó, y los que estaban ahí se alejaron asustados. El resto de los clientes retrocedió, apartándose del caos.

El Harmock avanzó lentamente, su imponente figura llenando el espacio. Mientras Castor se levantó, se sacudió el polvo y lo observó acercarse.

Con un gesto rápido, sacó un pequeño dispositivo de su cinturón. Un holograma en 3D del Harmock apareció proyectado en el aire.

—Lotus Cneo, buscado en ocho planetas por robo, vandalismo, sabotaje de sistemas de seguridad… y por dar una paliza a cuatro funcionarios de Imperium. Un historial impresionante. Pero todo termina aquí. Serás destinado a Nexum 1, donde finalmente responderás por tus crímenes.

Lotus arrancó el electro proyector de las manos de Castor, lo destruyó de un manotazo y lo tiró al suelo.

—Insignificante terrícola, ¿y cómo se supone que vas a hacer para llevarme?

Caminaba entre las mesas, riendo a carcajadas mientras lanzaba miradas desafiantes a los presentes. Algunos se unieron a su risa, pero la tensión era evidente en sus rostros.

—Voy a enseñarte a respetar a un Harmock.

Giró hacia donde esperaba ver a su objetivo, pero Castor ya no estaba allí. Sorprendido, el gigante escaneó el lugar con la mirada, buscándolo.

Un ruido detrás de él. Castor apareció, una botella en la mano, y con un golpe certero la rompió sobre la cabeza del coloso. El Harmock soltó un gruñido y cayó de rodillas, aturdido.

Pero la ventaja duró poco. Furioso, se levantó de un salto, rugiendo, y embistió al cazarrecompensas, lanzándolo contra la pared más cercana. El golpe le sacó el aire de los pulmones, y apenas pudo reaccionar antes de que el gigante volviera a abalanzarse. El Harmock avanzaba con confianza, saboreando la victoria, pero en el último segundo, Castor, rápido y preciso, lo recibió con una patada directa al mentón.

El impacto sacudió al gigante. Su cuerpo masivo tambaleó, la cabeza echándose hacia atrás por la fuerza del golpe. Un segundo después, cayó al suelo, inconsciente.

El bar quedó en un silencio sepulcral. Los pocos espectadores que aún quedaban se encogieron en sus asientos, asombrados por la agilidad y la precisión de Castor.

Con la respiración entrecortada pero una sonrisa tranquila en los labios, miró al gigante caído.

—Algunas personas prefieren el camino difícil —murmuró mientras se acomodaba la chaqueta.

Dedicó una última mirada al Harmock caído antes de dirigirse al bar, donde el cantinero, con manos temblorosas, le sirvió otro trago. Esta vez lo bebió con calma. Pagó los cinco denarios y se retiró con su prisionero.

Afuera, el calor abrasador del desierto le golpeó el rostro. Lotus Cneo, aún inconsciente, yacía sobre la camilla antigravitatoria que flotaba a unos 30 centímetros del suelo. El terrícola arrastraba a su prisionero a través del terreno arenoso de Terminus.

El paisaje era vasto y hostil, con dunas gigantescas que se alzaban como montañas de arena bajo un sol rojizo que dominaba el cielo. Sombras largas y opresivas se proyectaban sobre el desierto. Castor caminaba sin prisa, el sudor corriendo por su frente y empapando su traje cubierto de polvo. Cada paso hacía crujir la arena bajo sus botas.

A lo lejos, los motores de la Centurion 1 brillaban, su silueta destacándose contra las dunas. Centurión 1 glowed, its silhouette standing out against the dunes.

Finalmente, llegó a su nave, espaciosa y poderosa, con líneas angulosas y una estructura que parecía hecha para el combate. Con su casco reforzado y su capacidad para moverse a velocidades vertiginosas, la Centurion 1 había visto más batallas de las que cualquier nave de la flota de Imperium podría soportar. Era su fiel compañera, una extensión de su voluntad en el espacio.

Un holograma lo recibió. La imagen se materializó lentamente, revelando a una mujer de enigmática belleza. Su largo cabello negro caía suavemente sobre los hombros, contrastando con su piel clara. Sus ojos, de un color violeta intenso, irradiaban una calma hipnótica, como si pudieran ver más allá de lo tangible. Vestía una túnica blanca, que flotaba ligeramente a su alrededor, dándole un aire místico y etéreo, como una entidad celestial en medio de la tecnología.

Aurora caminó alrededor de Lotus Cneo, que seguía inconsciente.

—Veo que lo capturaste —dijo, con voz suave.

Castor se sentó en el suelo, apoyando la espalda contra la nave, con evidente agotamiento.

El holograma mantuvo su mirada fija en Lotus, sus ojos violetas escrutando cada detalle.

—Sugiero que lo inmovilices antes de que despierte —añadió Aurora, con su tono sereno e imperturbable—, a menos que quieras luchar con él otra vez.

—Aurora, no creo que despierte pronto. Para cuando se dé cuenta de lo que pasó, ya estaremos en Nexum 1.

—¿Nexum 1? ¿El planeta prisión?

—Sí, pienso entregarlo hoy mismo.

Castor cerró los ojos y se relajó.
Lotus abrió los suyos y se sentó en la camilla. Aurora hizo una mueca.

—Creo que deberías asegurarlo ya —dijo ella.

—¿Te he dicho que a veces me recuerdas a mi madre? —murmuró Castor, sin abrir los ojos.

—Mil veintiséis veces —contestó el holograma.

Lotus se incorporó y pasó una mano a través de la proyección de Aurora, como si intentara tocarla. Luego se acercó a Castor, bloqueando con su enorme sombra el sol rojo de Terminus. Castor abrió los ojos al notar la imponente figura del Harmock que lo observaba de pie.

Con destreza, esquivó una patada y, en un movimiento rápido, barrió las piernas del coloso. Antes de que el gigante pudiera reaccionar, Castor saltó sobre él.
Rodaron por el suelo, ambos envueltos en una lucha feroz. A veces parecía que el cazarrecompensas llevaba la ventaja, solo para que, en un instante, el gigante de piel gris retomara el control.
Aurora, imperturbable, caminaba alrededor de ellos, observando cada movimiento.

En un momento, el Harmock quedó sobre Castor, sus enormes manos cerrándose alrededor de su cuello. Los dedos poderosos apretaban con una fuerza implacable. La visión de Castor comenzaba a oscurecerse mientras intentaba desesperadamente alcanzar su gladius, pero el estuche se resistía. El aire le faltaba cuando, finalmente, sus dedos lograron liberar el arma.

La gladius, una de las armas más versátiles de Imperium, respondía a comandos rápidos. Con solo un toque, podía cambiar de función según las necesidades del combate. Deslizó su dedo sobre el control táctil, y de inmediato el arma se puso en modo taser. Un toque fue suficiente para liberar una descarga eléctrica. Lotus soltó un gruñido y se desplomó, inconsciente.

Aurora se materializó junto a él.

—Noto un incremento en tu frecuencia cardíaca —comentó con su habitual calma.

Jadeante, Castor rodó sobre su espalda, tratando de recuperar el aliento.

—Ni se te ocurra decirme “te lo dije” —murmuró, esbozando una sonrisa cansada.

Con esfuerzo, levantó al gigante inconsciente y lo subió a la nave. Lo aseguró firmemente en un asiento, esposándole las muñecas y encadenando sus pies para evitar cualquier intento de escape.

Se sentó en los controles, activando los sistemas para el despegue. Momentos después, el rugido de los motores resonó, y la nave se elevó del planeta, adentrándose en el vacío del espacio.

El prisionero, que comenzaba a recobrar el sentido, empezó a moverse en su asiento, forcejeando contra las cadenas que lo mantenían sólidamente asegurado.

—Terrícola, cuando logre soltarme te aplastaré como un insecto —aulló con rabia.

Castor lo miró con desdén mientras mordía un sándwich. Estaba relajado, con los pies sobre los controles de la nave.

Repentinamente, Aurora se proyectó frente a él.

—Tenemos dos naves acercándose a gran velocidad.

El cazarrecompensas apenas levantó la vista de su sándwich.

—No reconozco su procedencia.

Sin prisa, activó el intercomunicador.

—Nave espacial con licencia IGBX-312346, con registro de la Autoridad Espacial de Imperium, reportándose aquí. Identifíquense. Repito, identifíquense.

—Se acercan cada vez más rápido —insistió Aurora, su tono sin cambios.

Castor dejó el sándwich a un lado y sus ojos se clavaron en la pantalla.

—Nos atacan —confirmó ella.

—Desactiva el piloto automático —ordenó él, con voz firme.

—Impacto en 15 segundos.

—Activa el escudo de seguridad, ahora —dijo, mientras sus manos volaban sobre los controles, sus ojos fijos en el visor.

—4, 3, 2, 1… Impacto.

La Centurión 1 tembló violentamente con el choque. Castor se aferró con fuerza a su asiento, resistiendo el remezón.

¿Quién está atacando a Castor… y por qué?

¿Logrará sobrevivir a esta emboscada en el espacio profundo?

¿Y qué destino le espera en Nexum 1, el planeta prisión?

Los disparos han comenzado. El enemigo no da tregua.

Y tú apenas has presenciado el primer asalto.

¿Tienes el valor de seguir hasta el final?

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Sobre esta serie:

Relatos cortos pulp dentro del universo Imperium.

Cada libro es una aventura autoconclusiva protagonizada por Castor Pollux en un planeta distinto, enfrentando nuevos enemigos, peligros y misterios. Puedes comenzar por cualquiera.

La aventura en el planeta prisión