Castor Pollux, el último héroe pulp de la galaxia, aterriza en un planeta salvaje, dominado por bestias prehistóricas y tribus hostiles. Atrapado en la selva, perseguido por colosos con garras y dientes, Castor deberá sobrevivir, enfrentarse a una civilización perdida… y desbaratar el experimento más ambicioso del enemigo.
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—Tengo malas noticias —comunicó Aurora, la inteligencia artificial de la nave, materializándose como un holograma translúcido. Su cabello negro flotaba suavemente alrededor de su rostro, mientras sus profundos ojos de un color violeta intenso irradiaban una neutralidad impasible, como si nada pudiera afectarla. La túnica blanca que la envolvía no parecía afectada por la gravedad de la nave; era un eco de perfección, una imagen casi etérea. Su tono, como siempre, era tranquilo, carente de emoción.
—¿Y ahora qué? —preguntó Castor, reclinado en su asiento con una bebida en la mano, tomando un trago. El vaso frío le refrescaba la garganta mientras miraba a su alrededor con calma, sin dejar de observar la proyección de Aurora.
—Mira el radar —dijo ella, su figura volteándose con un leve movimiento de cabeza, proyectando un panel de advertencias en la consola frente a Castor—. Estamos rodeados de naves hostiles.
Castor se enderezó, su bebida derramándose al suelo, olvidada por completo.
—Cambia a controles manuales —ordenó, con una chispa de adrenalina en su voz.
—Nos disparan —confirmó Aurora, sin alterar su tono ni su expresión mientras un rayo láser atravesaba el espacio y sacudía la nave.
—Activa el escudo —gritó Castor, tomando los controles con fuerza.
El impacto de los láseres hizo vibrar todo el casco. La Centurion 1 se tambaleó violentamente mientras Castor giraba bruscamente, evadiendo un segundo disparo que pasó rozando el costado. Mientras ejecutaba una maniobra evasiva de 180 grados, quedó evidente que estaban completamente rodeados.
—Tenemos una flo… —comenzó Aurora, pero Castor la interrumpió.
—Lo sé... lo sé —dijo él, viendo la horda de naves enemigas desplegándose ante sus ojos.
Aurora, sin inmutarse, continuó proyectando datos y advertencias. Su presencia holográfica flotaba junto a los controles, como si formara parte de la nave misma.
—Prepara los propulsores —ordenó Castor.
—Sin ningún cálculo previo, hay un 99 % de probabilidades de estrellarnos al saltar al hiperespacio o, peor, aparecer en el centro de un objeto sólido. No recomiendo ese movimiento —respondió Aurora, su tono seguía siendo absolutamente neutro, mientras sus ojos violeta intenso se iluminaban con los datos proyectados sobre el panel.
Se acercaban más naves a toda velocidad. Las opciones se reducían con cada segundo que pasaba.
—¿Posibilidades de sobrevivir a este ataque? —preguntó Castor, sin perder la calma.
—Cero por ciento —respondió Aurora sin alterar su expresión ni su tono.
Encogido en su asiento, Lotus observaba todo con creciente ansiedad. Castor lanzó una sonrisa despreocupada, como si aquella desesperada estadística fuera motivo de entusiasmo.
Siempre uno será mejor que cero —dijo Castor, guiñando un ojo a Lotus.
—¡Ni se te ocurra hacerlo, cazarrecompensas! —gritó Lotus, claramente alterado, sabiendo lo que vendría.
Pero ya era tarde. Castor apretó el control, iniciando el salto al hiperespacio.
La nave se estiró como si la realidad misma estuviera siendo arrancada a tirones. La presión sobre la estructura era insoportable, y el zumbido de los motores se volvió ensordecedor. Los cuerpos de Castor y Lotus parecían aplastados contra sus asientos mientras la nave luchaba por mantener la coherencia en medio del espacio distorsionado. Cada segundo en el hiperespacio se sentía como una eternidad.
—¡Aaaahhhh! ¡Aaahh! —gritaban Castor y Lotus al unísono, sus voces retumbando por el puente de mando.
Finalmente, con un violento tirón, el salto se completó. La Centurion 1 se lanzó de vuelta a la normalidad, emergiendo a toda velocidad en medio de un campo de asteroides. Castor reaccionó instintivamente, tomando los controles y girando la nave para evitar un choque frontal. A pesar de su pericia, uno de los propulsores laterales golpeó un asteroide, enviando la nave en espiral.
—¿Estás bien? —preguntó Castor, apenas sin aliento, mientras estabilizaba la nave.
—Todavía completo —respondió Lotus, quien, a pesar de sus dos metros y medio de altura, parecía encogido en su asiento, como si intentara desaparecer.
Castor lanzó una mirada a Aurora.
—Ubicación y estado de la Centurion 1.
Aurora cerró los ojos, como si estuviera procesando miles de datos simultáneamente. Su voz salió tan tranquila como siempre.
—Mis sistemas están recalibrando. Hemos salido de la galaxia conocida, muy probablemente en la frontera inexplorada. Y uno de los propulsores ha dejado de funcionar adecuadamente. Recomiendo descender en un planeta para realizar reparaciones.
—Dame la ubicación del planeta más cercano.
—He identificado un planeta a 0,2 años luz de distancia. Ruta trazada.
Castor ajustó los controles, dirigiendo la nave hacia el planeta. Mientras se acercaban, el segundo propulsor falló también, haciendo que la nave perdiera estabilidad. Castor sonrió para sí mismo, la adrenalina corriendo por sus venas.
—Odio esa mirada, odio esa mirada —gritó Lotus, sacudiendo la cabeza con nerviosismo.
La nave giraba y caía hacia el planeta, la atmósfera exterior pintando el cielo de nubes púrpuras y amarillas, eléctricas y violentas. Parecía que el aire mismo intentaba rechazarlos. Castor, con las mandíbulas apretadas, tiraba de los controles con fuerza, sus músculos tensándose bajo la chaqueta de cuero mientras luchaba por mantener la Centurion 1 estable. El sudor caía por su frente, pero no había rastro de miedo en su mirada, solo pura concentración. Sus brazos, endurecidos por años de combate y maniobras peligrosas, parecían una extensión de la nave, firmes y controlados a pesar del caos a su alrededor.
Finalmente, la nave se estrelló contra la superficie con un impacto brutal. La tierra y la vegetación se alzaron como olas a su paso. Todo a su alrededor crujió y se estremeció antes de que el vehículo finalmente se detuviera.
—Algún día me gustaría descender en un planeta sin estar al borde de la muerte —se quejó Lotus, frotándose los hombros.
Castor, ignorando las quejas de su compañero, volvió a dirigirse a Aurora.
—Mantén los sistemas de reparación en automático. Quiero la Centurion 1 lista lo más rápido posible. Centurión 1 ready as soon as possible.”
Ella asintió, sin un ápice de cambio en su expresión.
—Sistemas de reparación activados.
Castor lanzó una mirada rápida a Lotus.
—Hasta que esté lista, voy a explorar el planeta. ¿Vienes conmigo?
Antes de que este pudiera responder, Aurora intervino con su tono característicamente sereno.
—No recomiendo explorar el planeta. No poseemos suficiente información sobre él, y no se ha determinado si es seguro.
Castor le lanzó una mirada divertida y le guiñó un ojo.
—¿Te preocupas por mí? —bromeó, con una sonrisa.
Aurora lo miró sin alterar su tono.
—Simplemente expongo los datos —respondió, pero su imagen proyectada parpadeó levemente, como si algo en sus circuitos hubiera registrado un pequeño mal funcionamiento.
Castor sonrió ante la sutil reacción y, sin darle más vueltas, salió de la nave, seguido por Lotus.
Escalaron la hondonada para descubrir una selva densa y sofocante. El aire era espeso, casi palpable, con un aroma a vegetación podrida y humedad. Cada paso resonaba en un silencio roto sólo por los crujidos distantes de algo moviéndose entre los árboles.
Castor observaba el entorno.
—Esto es muy extraño —afirmó.
—¿A qué te refieres?
—¿Por qué hay una depresión en medio de toda esta selva? ¿Y por qué tiene una forma tan peculiar?
La hondonada tenía unos veinte metros de largo, con un lado mucho más ancho que el otro.
—Este lugar es... peor de lo que esperaba —murmuró Lotus, pisando una raíz gigante que parecía tener vida propia.
—Vamos, es solo otra selva —respondió Castor, aunque una parte de él también sentía que algo en este planeta no era como los otros.
Caminaron hacia el lado más ancho del hundimiento y continuaron en esa dirección. Algunos metros más allá, encontraron otra formación similar.
—Creo que sé lo que son, y no son simples hondonadas —Castor la analizó pensativo. Lotus lo miró con ansiedad mientras el suelo temblaba bajo sus pies.
Lotus looked at him anxiously as the ground trembled beneath his feet.
—¿Qué son entonces? —preguntó Lotus, con la respiración entrecortada.
—Son huellas —confirmó Castor, mirando a todos lados—. Estamos en un planeta jurásico.
Antes de que pudieran asimilar la gravedad de la situación, un estruendoso bramido resonó en el aire, seguido de pesadas pisadas que se acercaban cada vez más.
Lotus se preparaba para salir corriendo, pero Castor lo detuvo con un gesto rápido.
—Es un titán —dijo, sus ojos clavados en una sombra masiva que comenzaba a abrirse paso entre los árboles—. Los he visto en otros planetas. Son herbívoros. Mientras no lo molestemos, no nos hará daño.
La enorme criatura, de proporciones imposibles, emergía entre la densa vegetación. Era majestuosa, con su cuello largo elevándose por encima de los árboles, pero el solo hecho de verla acercarse hacía que el corazón de Lotus palpitara a toda velocidad.
—Se supone que eso debería tranquilizarme —murmuró Lotus, tembloroso, al verlo acercarse.
De repente, un rugido ensordecedor lo interrumpió, helándoles la sangre. Era un allosaurus, una bestia colosal con dientes afilados como cuchillos. Sus ojos amarillos brillaban con una inteligencia primitiva y una voracidad insaciable. La criatura carnívora se abalanzaba hacia ellos con una velocidad impresionante.
—¿Y este también es inofensivo? —preguntó Lotus, con dudas en su voz.
—¡Corre! —gritó Castor, ya en movimiento.
¿Sobrevivirán Castor y Lotus en un planeta gobernado por colosos jurásicos?
¿Qué misterios se ocultan en esta selva brutal?
¿Y quién —o qué— los acecha entre los árboles?
Apenas has dado el primer paso…
Y ya es demasiado tarde para volver atrás.
¿Vas a quedarte aquí, sin saber si sobreviven?
🎧 🎧 También disponible en audiolibro
Sobre esta serie:
Relatos cortos pulp dentro del universo Imperium.
Cada libro es una aventura autoconclusiva protagonizada por Castor Pollux en un planeta distinto, enfrentando nuevos enemigos, peligros y misterios. Puedes comenzar por cualquiera.